Del fonógrafo al mp3. La revolución digital en la grabación musical.

Cuando en 1.877, Charles Cros descubrió el principio de grabación sonora y dio nacimiento al paleófono, nada podía hacerle sospechar que estaba contribuyendo a realizar uno de los progresos más relevantes de su época. El 19 de diciembre de aquel mismo año, a 7000 kilómetros de distancia de París, el estadounidense Thomas Alva Edison, construyó y patentó por primera vez un medio para poder grabar el sonido y reproducirlo posteriormente a voluntad. También él desconocía hasta qué punto se estaba iniciando una verdadera revolución el en panorama musical mundial. Edison denominó a aquel aparato fonógrafo, dando lugar a un sinfín de nuevas posibilidades y de aplicaciones en el universo sonoro.

Durante el transcurso de esos años se discutieron y cuestionaron centenares de posiciones relacionadas con el invento propiamente dicho, con el perfeccionamiento, con las modificaciones, con la comercialización y hasta con las concesiones otorgadas por el propio Edison. El inconveniente principal del sistema de Edison era la práctica imposibilidad de obtener duplicados de los cilindros mediante moldes, lo que dificultaba la difusión de dichos cilindros para ser comercializados.

En 1888, un ciudadano alemán llamado Emil Berliner registraba y patentaba una máquina que también grababa y reproducía el sonido. Este aparato no utilizaba el cilindro de cera macizo como soporte de la grabación, sino un disco plano. Otra diferencia importante tenía lugar en el proceso de impresión sonora, puesto que ésta se efectuaba en el surco teniendo en cuenta la amplitud lateral del mismo y no como en el cilindro, que se medía por la profundidad de la huella. Berliner bautizó a esta máquina parlante con el nombre de gramófono.

Gramófono de Emile Berliner (1888)

Las ventajas de este invento a disco fueron evidentes comparadas con las del fonógrafo. Con una sola toma de sonido, el gramófono podía prensar miles de copias a partir de una única matriz o molde original.
Los primeros discos comerciales producidos por la pequeña compañía Gramofon que fundó Berliner fueron grabados en 1894 y En el mes de mayo de 1902, aparecen en venta en Europa los primeros 10 discos “Gramophone” con versiones grabadas por Enrico Carusso en la ciudad de Milán. Tenían un diámetro de 10 pulgadas (25 cm) y una sola faz. Estos diez discos fueron mundialmente los encargados de alentar a realizar grabaciones discográficas a muchísimos cantantes y artistas que hasta ese momento se resistían a colocar su voz en un objeto sólido para ser conservada en el tiempo.

El gramófono gozaba de una gran aceptación dentro de la comunidad musical de inicios del siglo XX, y prueba de ello han sido sus innumerables metamorfosis y cambios estructurales durante varias décadas para mejorar su calidad. Pero un nuevo sistema comenzó a implantarse como fruto de la experimentación con material de vinilo.

Se trataba del disco de vinilo, que se impuso con rapidez. El sistema vigente hasta entonces de grabación/reproducción monoaural (toma de sonido por un solo canal), iba a experimentar dos vicisitudes: la primera pocos años después de su aparición, la estereofonía (registro en dos canales distintos), que le ha sobrevivido y que sigue estando en uso en la actualidad. La segunda resultaría por el contrario el mayor fiasco comercial de su historia, la cuadrofonía, un hipotético intento por conseguir cuatro canales que durante los años 1972-1974 debió abandonarse a causa de la falta de consenso entre los distintos fabricantes a la hora de establecer un sistema fiable adoptable por todos. Gráficamente, cada lado del surco de un disco de vinilo corresponde a uno de los dos canales estéreo, y su perfil sigue la modulación de la onda sonora registrada. Este sistema analógico tiene como principal ventaja la alta calidad de sonido cuando el disco está correctamente fabricado. Por contra, sus principales fallos son el desgaste debido al rozamiento de la aguja y la acumulación de suciedad en el surco, lo que obliga a limpiarlos antes de su reproducción. La evolución del disco de vinilo ha sido espectacular pero, Actualmente, esta tecnología es editada en pequeñas cantidades y utilizada en especial por DJs y audiófilos.

El incomparable, histórico y romántico ruido de un disco de vinilo

La era digital

Desde la segunda década del siglo XX y hasta finales de los años setenta, el mercado discográfico había sido acaparado casi en su totalidad por el disco de vinilo. Los soportes que más se comercializaron hacia el público fueron los de 33 rpm y los de 45 rpm. Cuando hacia el año 1983 se comenzó a sustituir la tecnología analógica – simbolizada por el disco de vinilo -, por la tecnología digital – mediante el denominado disco compacto o CD -, se produjo un verdadero fenómeno sociológico de proporciones gigantescas. En general, por analógica se entiende cualquier información que retiene el carácter continuo de la señal: el movimiento de la aguja de un tocadiscos, el voltaje que existe en el enchufe de unos auriculares en un equipo de música, las ondas de radio o la velocidad del viento a lo largo de un día. Tiempo o espacio continuo, señal continua. Es decir, señal material y por tanto de infinita precisión. Por el contrario, lo digital presupone un tiempo o espacio fragmentado, discretizado, y una señal expresada mediante números con unas pocas cifras decimales; es decir, números con precisión finita. Cualquier aparato digital tiene finalmente que traducir sus listas de números, sus señales digitales, a un voltaje, un movimiento en la membrana de un altavoz, o un punto de luz en una pantalla. Por tanto tiene que convertir la señal digital en analógica. Un CD de música no contiene el dibujo de las ondas sonoras, sino solamente números que pueden considerarse instrucciones para que el reproductor genere el sonido correspondiente.

En cualquier caso, un aparato digital es aquél que opera con señales digitales y no analógicas, aunque finalmente tenga que realizar la conversión. Un aparato analógico, sin embargo, opera constantemente con señales analógicas. En otras palabras, es cierto que en toda conversión de algo analógico o material a una señal digital, se pierde información sin importar lo precisa que podamos realizar la conversión. Esto es así porque la información analógica es infinita y la digital no lo es. El CD es un registro numérico, una lista de números, y su manipulación no consiste más que en hacer sumas, restas y multiplicaciones con los números de la lista.

Pero la digitalización tiene un precio: reduce ineludiblemente la información que está presente en el substrato material, en la vibración del aire o en la imagen de una escena. Esta reducción se debe a que los números almacenados en un CD o en un DVD, por ejemplo, no pueden ser infinitos ni puede ser infinita su precisión.

En la traducción de la vibración del aire a números que se lleva a cabo al grabar un CD, se registra la presión del aire 44.100 veces por segundo para cada canal y con una precisión de unas cinco cifras. Es decir, el contenido de un CD es una serie de números decimales de cinco cifras, 44.100 números para cada segundo (88.200 si es estéreo). En los estudios de grabación actuales, también se realizan grabaciones y reprocesados a 96.000 veces por segundo con una precisión de más de cinco cifras. Con ello, el registro es mucho más completo. Estudios realizados muestran que un oído sensible es capaz de percibir un considerable aumento de la calidad del sonido cuando se toman 96.000 datos por segundo.

Vivimos en plena “revolución digital” en los inicios del siglo XXI. Constantemente, nuevos sistemas de reproducción sonora cada vez más sofisticados pretenden implantarse en nuestra rutina diaria. En los últimos 25 años, hemos asistido al nacimiento del “compact disc”, del MiniDisc, del DVD y a la comercialización reciente del formato digital “mp3”, diseñado para la compresión de archivos de audio y su posterior reproducción. El panorama audiovisual es muy alentador. Para aprender a valorar los grandes logros en el universo sonoro conseguidos en los últimos 130 años, es necesario realizar una mirada retrospectiva, tal y como se ha hecho aquí para todos nuestros lectores, y rendirse al extraordinario talento de algunos seres humanos excepcionales

María Arias Coronado